Llamamos Antigua Religión Europea a la gran tradición religiosa plural desarrollada por los pueblos de Europa y de la cuenca mediterránea antes de la hegemonía cristiana. No sostenemos que todos esos pueblos practicaran una religión idéntica, ni que hubiese existido una iglesia pagana unificada. Reconocemos, sin embargo, una continuidad suficientemente profunda de cultos, prácticas, cosmologías y formas de relación con lo divino como para hablar de una misma genealogía religiosa.
Es una religión de dioses y de culto, de imágenes y de lugares sagrados, de antepasados y muertos, de reciprocidad, sacrificio, devoción, misterio e iniciación. Es animista, politeísta en sus manifestaciones, ortopráxica y profundamente vinculada a los ciclos de la Naturaleza. El rito no es una representación psicológica: hace algo. Los dioses no son arquetipos de nuestra mente ni herramientas al servicio de la voluntad humana. Son dioses.
Esta tradición nunca permaneció inmóvil. El mundo religioso antiguo incorporó, transformó y volvió a pensar continuamente aquello que recibía: cultos locales y mistéricos, filosofía, hermetismo, teúrgia, astrología y las grandes corrientes intelectuales del Mediterráneo. En la Antigüedad tardía, el neoplatonismo proporcionó a esa tradición algunos de sus desarrollos teológicos más sofisticados.
Por eso Juliano es para nosotros algo más que el último emperador pagano. Es un antecedente fundamental. Frente a un mundo que estaba dejando de comprender su propia religión, reconoció una unidad profunda detrás de la diversidad de cultos y sostuvo que la tradición podía conservar su identidad mientras desarrollaba nuevas formas de comprensión. No quiso convertirla en una pieza arqueológica. Quiso que siguiera viva.
Ésa es también nuestra posición en el siglo XXI.
El paganismo evolucionista no pretende reproducir servilmente el pasado ni reconstruir una Edad del Hierro imaginaria. Recibimos una tradición y asumimos la responsabilidad de continuarla. Una religión viva debe poder pensar después de Copérnico, Darwin, la física contemporánea, la psicología, la crítica histórica y veinte siglos de transformación cultural sin dejar por ello de reconocer a sus dioses, sus ritos y sus obligaciones.
La Antigua Religión Europea es, por tanto, la tradición de la que venimos; el paganismo evolucionista es la forma en que esa tradición continúa viviendo.
Nuestra práctica reúne culto devocional, ritual, autognosis, teúrgia y magia. No practicamos la brujería que es una instrumentalización antropocéntrica de poderes o divinidades. La magia pertenece al ámbito de lo sagrado y está subordinada a él: no hacemos de los dioses herramientas de hechicería ni reducimos la religión a una tecnología de satisfacción personal.
En nuestra teología reconocemos el Sagrado Femenino y el Sagrado Masculino, expresados en la Gran Diosa Madre y el Gran Dios Padre y desplegados en múltiples formas divinas. En nuestro culto particular, la Diosa se manifiesta también como Diosa Blanca, Diosa Roja y Diosa Negra, junto al Dios Oscuro del Bosque. Honramos los ciclos de la vida y de la muerte, a los Ancestros y a nuestros seres queridos fallecidos, y comprendemos la relación entre Vida y Muerte también como misterio de iniciación y despertar.
Nuestra religión es principalmente ortopráxica, pero no doctrinalmente indiferente: compartimos un núcleo común de creencias que permite diversidad teológica sin disolver la identidad de la tradición. Buscamos continuidad, devoción y transformación.
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